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sábado, 30 de agosto de 2014

Día 11. ¿Por qué ir en bus cuando puedes ir en tren? Agra-Orchha-Khajuraho (9 de Agosto 2012)


Hoy empieza la segunda parte del viaje. Durante los próximos cuatro días Cristina, Tomás, Alicia, Julio, David y yo (Andrea) visitaremos Orchha, Khajuraho, Varanasi y Delhi. Son las 6:30 de la mañana y nuestro conductor nos espera para dejarnos en la estación de Agra donde cogeremos un tren a Jhansi. El resto del equipo (Berta, Bárbara, Manolo y Javi) ya están camino de Delhi en su “temido” autobús (ver post), nosotros no sabemos lo que nos espera…

Y como la venganza se sirve en plato frio hoy Bopinder nos ha querido dar una lección de puntualidad y nos ha dejado en la estación dos horas antes de la salida de nuestro tren (¿¿¿no pensaríais que nos íbamos a ir de rositas???Jajaja). Así que no nos ha quedado más remedio que hacernos un hueco entre la multitud y esperar “cómodamente” a que pasaran las horas.


Después de una larga espera en la que hemos visto casi de todo (omitimos comentar para no herir susceptibilidades) por fin llega nuestro tren. Tenemos 5 minutos para encontrar nuestro vagón pero la cosa se complica cuando el tren tiene más de ochenta vagones y hay miles de personas con miles de bultos intentando subir a la vez. Solución = Subirnos en el primer vagón que podamos al primer toque de campana. Conclusión = DESASTRE TOTAL!!! ¿Qué que ha pasado? Pues que nos hemos subido en el vagón equivocado: sleepers sin aire acondicionado. Y aunque hemos conseguido hacernos un huequecillo entre las literas que quedaban libres, el primer revisor que ha pasado nos ha dicho amablemente que busquemos nuestros asientos en segunda clase con a/c.

David se ofrece voluntario para hacer de avanzadilla mientras los demás esperamos desperdigados por diferentes vagones a que vuelva con buenas noticias. Pero parece que la cosa no va a ser fácil: los pasillos están atestados de gente, nos podemos ir más cargados de mochilas, los revisores no saben indicarnos cuantos vagones faltan hasta el nuestro,... Después de dos horas (si, dos horas, habéis leido bien) saltando todo tipo de obstáculos, sentándonos, levantándonos, hablando con unos y con otros… por fin hemos localizado nuestros sitios!!! Tenemos dos horas más para descansar en nuestros plácidos asientos. Y es que más vale tarde que nunca….

Dicen que viajar en tren por la India es una de las experiencias que nadie debería perderse y puedo aseguraros que a ninguno de nosotros nos ha dejado indiferentes. Sin embargo no todos la hemos vivido de la misma manera. Sé que para todos ha sido una experiencia que recordaremos siempre como una anécdota divertida pero tengo que decir que para mí ha sido uno de los momentos más especiales de todos los vividos en la India. Y es que resulta increíble ver como la gente se acerca a ti para ofrecerte su asiento porque te ha visto de pie, te piden que le hables de tu país, te preguntan tu opinión sobre el suyo mirándote con curiosidad pero siempre sin perder la sonrisa de su cara, sin ponerte una mala cara,…

Después de poco más de 4 horas de viaje llegamos a Jhansi donde un nuevo conductor nos espera a la salida de la estación. Tras solucionar el tema logístico subiendo todas las maletas al capó salimos en nuestra Toyota Innova camino de Orchha, una ciudad palaciega fundada por la dinastía Bundela en el año 1501 a orillas del río Betwa. Aquí visitaremos el antiguo palacio de cúpulas de lapislázuli azul acompañados de un guía espontaneo con dotes de fotógrafo con el que aprenderemos todas las rencarnaciones de Visnú: el pez, la tortuga, el jabalí, mitad hombre mitad leon, el enano, Brahma, Rama, el guerrero y Buda.



Tras la visita del Palacio aprovechamos para hacernos fotos con el espectacular paisaje que teníamos de fondo hasta que el ataque de un grupo de monos  a unos indios que andaban por ahí nos hizo salir corriendo hacia nuestra furgoneta. Jajajaja!!Menudo susto!!!





Después de una riquísima comida en el restaurante que nos recomendó nuestro conductor salimos rumbo a nuestro siguiente destino: los templos eróticos de Khajuraho!!! La intensa lluvia y el mal estado de las carreteras hicieron que el viaje durara más de lo que teníamos previsto pero, después de casi 5 horas de viaje, por fin llegamos al hotel. Y menudo hotel!!! Qué cara de felicidad teníamos todos sabiendo que esa noche dormiríamos como auténticos majarahás :)


Andrea.
 

martes, 11 de septiembre de 2012

Día 10. Jaipur, Fahtepur Sikri y Agra (7 de Agosto 2012)


Dejando ya atrás Jaipur, seguimos nuestro viaje hacia lo que sería ya nuestro último día todo el grupo al completo. También sería el final de nuestra travesía con Bopinder al volante. Quizás por eso se mostró algo más sonriente a primera hora de la mañana y nos regañó menos por nuestro –habitual- retraso matutino.


Hoy era un día clave en el viaje. Hoy veríamos el Taj Mahal. Por el camino paramos en Fahtepur Sikri, a unos 35 kilómetros de Agra, que resultó ser una de las ciudades amuralladas más bonitas que hemos visto a lo largo del viaje.

Esta ciudad mogola, que conserva edificios preciosos mezcla de estilos hindú y musulmán, fue abandonada pocos años después de construirse debido a la escasez de agua en la zona, pero su estado de conservación es bastante bueno. 

Para acceder a la zona monumental hace falta tomar un autobús, que cuesta 5 rupias. Nosotros pasamos un calor sofocante esperando dentro, así que es mejor esperar fuera y sólo subir cuando veas que el conductor va a arrancar. 

Fahtepur Sikri

Fahtepur Sikri se divide en dos zonas. En la zona civil están el palacio y las salas de audiencias.


La zona religiosa alberga una de las mezquitas más grandes de la India en su tiempo, la mezquita de Jami Masjid.

Mezquita Jami Masjid
Contrasta mucho la tranquilidad de la zona civil con el agobio de la zona religiosa, en la que decenas de niños te perseguirán insistentemente pidiéndote tu entrada usada para, según dicen, hacer un trabajo del cole. Nosotros no se las dimos porque todo nos olía bastante raro (a saber qué tipo de mafia hay detrás). Ya de vuelta he intentado averiguar algo más, pero sin éxito. Si alguien sabe el motivo por el que las entradas son tan codiciadas, por favor que nos diga.

Después de hacer la parada de rigor en un Emporium de carretera a picar algo –esta vez sin mucho éxito, ya que los noodles-espaguetti resultaron ser bastante flojitos y demasiado caros- nos pusimos de nuevo en manos de nuestro chófer Bopinder. Agra, y su Taj Mahal, nos esperaban.

Aunque el Taj Mahal cierra sus puertas a las 19:00, la última hora para entrar son las 17:00, así que hay que estar atento y no entretenerse mucho. Lo cierto es que en algunos momentos llegamos a vernos volviendo a España sin ver uno de los “musts” del viaje, pero finalmente Ganesha nos echó un cable.

La entrada al Taj Mahal la compramos en el hotel al precio normal, por lo que puede ser una buena opción para no perder mucho tiempo en la cola de la taquilla. Otro dato a tener en cuenta es que debido a la contaminación, que está afectando al mármol blanco del Taj Mahal, sólo se puede acceder con coches eléctricos, un tren o tuc-tucs. Nosotros optamos por la primera opción y caminamos el último trecho del camino.

La llegada al Taj Mahal es sobrecogedora. No importa cuantas fotos hayamos visto de esta maravilla: el Taj Mahal es impresionante. Recomiendo hacer lo que yo hice: acercarse poco a poco mirando al suelo en todo momento hasta llegar a la entrada. Al abrir los ojos lo ves ahí, imponente, increíble, como en un sueño. Los minutos siguientes son de no parar de hacer fotos como un loco. Lo curioso es que, a pesar de la cantidad de turistas que hay, es un recinto de paz, el Taj Mahal es un lugar relajante y agradable. Un oasis dentro de la caótica India.

Taj Mahal

Quizás una de las cosas que más sorprenden del Taj Mahal es el entorno tan bonito en el que se encuentra, rodeado de jardines y estanques muy cuidados -cosa poco habitual en la India- y, sobre todo, de otros edificios imponentes de arenisca roja que, aunque no hacen sombra al Taj Mahal, desde luego no se quedan muy atrás.


 Tampoco dejan indiferentes los relieves y la pietradura de flores sobre el mármol y las enormes escrituras de versículos del Corán que adornan la entrada.


 Tras ver todo el complejo nos concedimos una horita de tiempo libre, de pasear, de contemplar, de pensar…el lugar lo merecía. Una vez puesto el sol, vuelta al hotel. ¡Espera un momento, que quiero echar una última mirada! Uno nunca sabe cuando volverá a un lugar como este. Eso sí, ni rastro de los famosos eunucos :)


En nuestra única noche en Agra nos alojamos en el Taj Resort, un hotel funcional pero con una piscina en la azotea muy chula, en la que, como veníamos haciendo cada vez que podíamos, nos dimos un baño nocturno acompañado de unas cervecitas. Nos lo habíamos ganado. Otro punto a favor de este hotel es el niño que te recibe al llegar, con su baile tradicional y, sobre todo, con su guiño de ojo tan frenético y su movimiento de cuello tan salado.

Lo poco que vimos de la ciudad de Agra fue desde el tuc-tuc de camino al restaurante, nada que mereciese la pena. Para cenar nos dejamos guiar una vez más por Trip Advisor y fuimos a Pinch of Spice. Aunque no estuvo mal, tampoco tendría su hueco en nuestro Top 5. Comida demasiado picante y temperatura ambiente de unos -5ºC. Creo que el resfriado se apoderó de muchos de nosotros esa noche.

Después de la cena, y tras un amago frustrado de tomarnos un gin-tonic en la terracita roof-top del hotel, tocaba despedidas pues el grupo se separaría. Unos seguirían hacia Delhi mientras que el resto continuaríamos rumbo a Orccha. Cada mochuelo se retiró a su olivo más o menos a medianoche, como siempre.


Alicia.