miércoles, 5 de septiembre de 2012

Día 9. Jaipur (6 de Agosto 2012)


Riiiiinnnnggggggg. 6:30 suena el despertador. - Esto de viajar que sufrido es, no dormimos más de 6 horas ningún día. En teoría hoy toca madrugar porque tenemos la subida en elefante al fuerte de Amber, a las afueras de Jaipur, y a media mañana se marchan los elefantes para casa o eso es lo que hemos creído entender a Bopinder, nuestro chofer.

Desayuno rápido y como siempre hemos llegado 20 minutos tarde al bus. Bopi cabreado. (YOU ARE ALWAYS LATE, NO SIGHTSEING, IN MY COCHE ONE HOUR LATE)
Llegamos sobre las 8 al fuerte y allí están los elefantes esperando. Nos bajamos del bus y nos acosan vendedores ambulantes que nos ofrecen desde Ghanesas de madera, camisetas modernas de camellos (Julio aprovechó la oferta con una camiseta XXXXXL) ;)), pulseras, etc… Los esquivamos como podemos y nos dirigimos al púlpito a unos 3 metros de altura desde donde se montan los elefantes por parejas. Son mucho más altos de lo que se puede pensar a priori pero una vez encima da bastante seguridad el bicho. El trayecto dura unos quince minutos hasta la puerta principal del fuerte.

Fuerte de Amber

Pagamos la propina al conductor del elefante para que nos deje bajar y cogemos un guía indio en español para que, por un módico precio, nos haga la visita turística por el fuerte y nos cuente lo bien que vivía el marajá con su esposa y concubinas. Desde el fuerte se divisa la impresionante muralla que rodea Jaipur al estilo de la Gran Muralla China. Javi, Manuel y Julio se aventuran en subir las infinitas escaleras hasta la misma, el resto pasamos.
Mama mono con bebe monísimo

Al bajar paramos a hacer un par de fotos en el Water Palace y le decimos a Bopi que nos deje en el City Palace en el centro de Jaipur. Visitamos también el observatorio astronómico que era muy curioso. 

Janta Mantar - Observatorio astronómico

La ciudad es caótica como casi todas en esta parte de la India y hay muchos vendedores intentando atraernos hacia sus tiendas.

Subimos al Umai Mawar, un edificio desde el que se divisa la ciudad y con el apetito ya abierto nos dirigimos a Niros un restaurante muy recomendable. Comimos muy bien aunque todo estaba extra picante y más de uno lo recordó durante unas horas/días. Pedimos Reshmini Kabab, tika masala, arroz frito y unos platos que no recuerdo pero también muy picantes. La mayoría se van al hotel a disfrutar de la piscina y relajarse. Andrea y yo nos quedamos para dar una vuelta por el mercado local. Cogemos un tuctuc bicicleta pero después de un minuto el sentimiento de seres inmundos explotadores capitalistas nos asola así que le pedimos que nos pare y le pagamos el doble (para tratar de limpiar nuestra conciencia).

Jaipur

El bazar es algo agobiante, pero ya estamos acostumbrándonos, muchos pitidos de tuctucs y mucha gente. Está muy bien dividido por gremios, en una calle los ferreteros, en otra vendedores de especias, libreros, vendedores de telas… Tras un intenso paseo cogemos un rickshaw al hotel, el peor viaje para hacer la digestión, saltando baches todo el camino. Después de haberse perdido cuatro veces finalmente llegamos al hotel. Siesta y listos otra vez para salir a cenar. 
Mensajero local de Jaipur

Queríamos repetir el restaurante italiano de la noche anterior que nos había encantado a todos (nuestro primera comida occidental del viaje). Como todavía era pronto decidimos hacer uso de los servicios de… Súper Salim, un conductor propietario de rickshaws muy amable que nos había caído muy bien la noche anterior. Le pedimos que nos llevase de tiendas para saciar nuestro apetito comprador.  Llamo a otros dos conductores y nos llevaron a unas tiendas de plata en una zona un poco apartada del centro de Jaipur. El edificio era muy nuevo y estaba blindado de medidas de seguridad, con mucha cámara e indios vigilantes. Estuvimos mirando las joyas con la permanente duda de su autenticidad. Algo compramos pero más bien poco. Después de la plata tocaba ir a la tienda de telas y sedas. Bárbara se probó un sari y el resto vimos pashminas, pañuelos de seda etc.. No compramos nada ya que era mucho más caro que lo que habíamos visto en Udaipur o Jaisalmer.

Nos acercaron al restaurante. Era lunes así que nuestros planes de tomar una copa por fin después de cenar se complicaban... Según nos comentaron en Jaipur un lunes por la noche no hay ni el tato, pero nuestros choferes se ofrecieron a llevarnos a algún lado aunque estuviese vacío. Que les llamásemos después de cenar. Les llamamos al acabar pero ya no contestaron así que nos fuimos a las 23.15 al hotel a dormir.


David.



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